Sin teléfono celular…

Conozco una persona adulta — y activa — que no usa teléfono celular. Una sola persona.

También conozco muchísimas personas que no pueden vivir un minuto sin él. No hay aviso antes de comenzar la película en el cine, ni noche romántica con la más bella mujer, que les convenza de que pueden apagar — o simplemente silenciar — su teléfono por unas horas.

Por último también conozco niños que usan celular, mas no cualquier celular, conozco niños de siete años que usan BlackBerry®. No tengo la más pálida idea de para qué, pero ellos lo atesoran con orgullo.

Hace un tiempo me puse a pensar cómo se arreglaba la gente antes de que estos maravillosos y esclavizantes aparatitos se transformaran en una especie de extremidad de nuestros cuerpos.

¿Por qué de repente comenzó a ser tan importante estar “comunicado” en todas partes? ¿Por qué es necesario ser “ubicable” a cada momento? ¿Por qué tanta gente debe saber nuestro teléfono? Al punto de que en algunos casos es necesario poseer más de uno de estos dispositivos.

Cuando mi padre y yo nos íbamos al campo, no había luz más que de farol, ni agua más que de aljibe. De teléfono ni hablar. Todas las mañanas se oían las noticias en la radio, y parte de las noticias en la frecuencia AM eran las “Necrológicas”.

Un día mi padre oyó un nombre muy familiar, idéntico al nombre de mi abuela. Me dijo que armara el bolso, que nos íbamos a volver unos días antes — no aclaró por qué y yo no lo pregunté, mi padre me decía que nos íbamos, alcanzaba.

Cuando estábamos prontos para salir, asomó un hombre a caballo en el cerro que delimitaba nuestro horizonte. El jinete traía la noticia de la muerte de mi abuela, desde una estancia que quedaba a unos cinco kilómetros, la cual tenía teléfono de línea.

Llegamos al velorio y entierro de mi querida abuela. Yo me quedé pensando que me había ido sin darle un beso cuando habíamos salido hacia el campo. Ella se encontraba durmiendo en aquel momento.

¿Hubiese cambiado algo que este hecho sucediera en la era de los celulares?

Cómodo, útil, molesto, divertido, imprescindible, innecesario, caro, barato, ostentoso, irrespetuoso, invaluable, superfluo, y tantos otros adjetivos que pueden llegar a describir este aparato, no logran conciliar una opinión unánime sobre el mismo.

Tener un teléfono celular ya casi no es una opción, cómo usarlo sigue siendo parte de nuestro libre albedrío.

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Acerca de Siendo Humano

Aquí escribo lo que se me ocurre y no entra en Tuíter...
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