Ciudades limpias…

Lo primero que me llama la atención cuando visito una ciudad es su estado de limpieza. Siempre las encuentro más limpias que mi natal Montevideo. La única que ha logrado igualar el nivel de suciedad de esta última ha sido Buenos Aires — y tal vez alguna otra ciudad de frontera.

Mi conclusión — totalmente empírica — es que los rioplatenses somos unos sucios.

Parque lineal en Santa Maria

Hoy el destino me ha llevado a Santa María en Río Grande do Sul, Brasil. Una ciudad de 270.000 habitantes en medio del estado más sureño del denominado país norteño.

Hace 5 días que estoy aquí y he tenido oportunidad de caminar bastante, creo que así es como uno conoce una ciudad, caminándola. La limpieza es increíble — otra vez.

Esta mañana escuché en una entrevista a Julio Bocca, quien firmó contrato hasta 2015 con el SODRE, diciendo que a Montevideo la veía sucia, y diciendo también que eso no era sólo culpa de la intendencia, sino culpa de la gente.

¿Por qué nos cuesta tanto guardar un papel en el bolsillo hasta llegar a nuestras casas? Obviamente estoy hablando en genérico, sé que la mayoría de quienes estén leyendo esto sí lo guardan en lugar de tirarlo en la calle, pero es una realidad que nos cuesta.

Podemos poner las excusas que queramos, que la intendencia no pone suficientes recipientes, que no tenía donde guardarlo, que igual todo el mundo tira, que es biodegradable, etc., pero lo cierto es que la basura que generamos también es nuestra propiedad, por tanto somos dueños y responsables de la misma.

Para cerrar y no dejar una nota tan negativa en este texto, aclaro que digo esto porque Uruguay me parece un excelente país para vivir. Hace unos años me fui y volví quemado de él, lo odié, pero con el pasar del tiempo me di cuenta de que en realidad es un lindo país, tranquilo, con lugares hermosos, un clima no tan jodido, donde se puede vivir sin miedo — a pesar de lo que diga canal 4 — y unos cuantos beneficios más.

Lo único que hay que tener a mano son unos cuantos dólares para escaparse cuando la uruguayez nos comienza a afectar el cerebro, hacer una salida al mundo real, dejar Hobbiton por unos días y volver renovado, pero Uruguay es un muy buen país y por eso me molesta que no sepamos cuidarlo.

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Sin teléfono celular…

Conozco una persona adulta — y activa — que no usa teléfono celular. Una sola persona.

También conozco muchísimas personas que no pueden vivir un minuto sin él. No hay aviso antes de comenzar la película en el cine, ni noche romántica con la más bella mujer, que les convenza de que pueden apagar — o simplemente silenciar — su teléfono por unas horas.

Por último también conozco niños que usan celular, mas no cualquier celular, conozco niños de siete años que usan BlackBerry®. No tengo la más pálida idea de para qué, pero ellos lo atesoran con orgullo.

Hace un tiempo me puse a pensar cómo se arreglaba la gente antes de que estos maravillosos y esclavizantes aparatitos se transformaran en una especie de extremidad de nuestros cuerpos.

¿Por qué de repente comenzó a ser tan importante estar “comunicado” en todas partes? ¿Por qué es necesario ser “ubicable” a cada momento? ¿Por qué tanta gente debe saber nuestro teléfono? Al punto de que en algunos casos es necesario poseer más de uno de estos dispositivos.

Tapera
Cuando mi padre y yo nos íbamos al campo, no había luz más que de farol, ni agua más que de aljibe. De teléfono ni hablar. Todas las mañanas se oían las noticias en la radio, y parte de las noticias en la frecuencia AM eran las “Necrológicas”.

Un día mi padre oyó un nombre muy familiar, idéntico al nombre de mi abuela. Me dijo que armara el bolso, que nos íbamos a volver unos días antes — no aclaró por qué y yo no lo pregunté, mi padre me decía que nos íbamos, alcanzaba.

Cuando estábamos prontos para salir, asomó un hombre a caballo en el cerro que delimitaba nuestro horizonte. El jinete traía la noticia de la muerte de mi abuela, desde una estancia que quedaba a unos cinco kilómetros, la cual tenía teléfono de línea.

Llegamos al velorio y entierro de mi querida abuela. Yo me quedé pensando que me había ido sin darle un beso cuando habíamos salido hacia el campo. Ella se encontraba durmiendo en aquel momento.

¿Hubiese cambiado algo que este hecho sucediera en la era de los celulares?

Cómodo, útil, molesto, divertido, imprescindible, innecesario, caro, barato, ostentoso, irrespetuoso, invaluable, superfluo, y tantos otros adjetivos que pueden llegar a describir este aparato, no logran conciliar una opinión unánime sobre el mismo.

Tener un teléfono celular ya casi no es una opción, cómo usarlo sigue siendo parte de nuestro libre albedrío.

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Obdulio Varela. El reposo del centrojás. (Lectura en voz alta)

Leyendo el libro “Arqueros, ilusionistas y goleadores” de Osvaldo Soriano, llegué a este reportaje a — en palabras del propio autor — una de las últimas leyendas del fútbol rioplatense: Obdulio Varela.

El texto me resultó tan emocionante que me propuse leerlo en voz alta para poder compartirlo.

Aquí un fragmento del mismo y mis disculpas anticipadas por algunas malas entonaciones que puedan opacar semejante obra.

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Orsai. No quedes fuera de juego…

En febrero de 2010, @licuc me presentó la revista Orsai — cosa que le agradeceré siempre, ésa y muchas más —; a la media hora me interesaba, al otro día me moría por conseguirla, al mes ya era un adepto lector y activo promotor del proyecto.

Podría a partir de aquí contar todo lo que implica este proyecto, pero no cometería tal atrevimiento, siendo que Hernán Casciari — creador del mismo — lo hizo en el pasado TED Río de la Plata, y Youtube nos hizo el favor de alojarlo en sus servidores para que lo disfrutemos.

Hoy en día, el “Gordo” Casciari, sigue soñando. Los antecedentes le permiten ambicionar una nueva utopía. Se propone crear una editorial ideal, donde autores y lectores sean los que pongan las reglas, los que siempre ganen, los que decidan y obtengan lo que quieren.

Para eso precisa 5000 suscriptores de la revista Orsai. “Cinco mil de hispanoamericanos en cuatrocientos millones”, parece una niñería, pero todos sabemos que a los latinos nos cuesta soltar los morlacos, por eso los invito a leer la idea completa aquí (http://orsai.bitacoras.com/2011/12/una-lengua-comun.php) y si les gusta, sumarse a la misma.

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Se vende sabiduría…

En el barrio chino de Buenos Aires, la sabiduría tiene un precio. Como casi todo en este mundo…

Se vende sabiduría

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Piriados…

En el puerto de Piriápolis (Maldonado, Uruguay) estos dos barcos servían de refugio para que los lobos marinos comieran los pescados que los hombres de mar desechaban.

Piriados

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Por qué no quiero tener hijos…

No es que a alguien vaya a importarle, mas a mí me sirve para recordarme algunas de las razones por las que he decidido no traer descendencia a este mundo.

Esta decisión me ha hecho partícipe de variopintas discusiones, algunas muy enriquecedoras y bizarras, otras de lo más estrambóticas y olvidables. Dichas discusiones no han logrado más que enriquecer mi fundamentación — ante mí y los demás — acerca de por qué no quiero tener hijos.

Equilibrandome con la Naturaleza

☝Somos demasiados — Llegaremos a siete mil millones en 2012. Creo que hemos logrado un record que sólo una ínfima parte de las más de 1 millón 600 mil especies descritas hasta el momento pueda alcanzar. Se me ocurre que tal vez sea hora de darle un poco de espacio a los demás, sería un buen gesto de nuestra parte.

☝El mundo está loco — No coincido con la afirmación de que “antes se vivía mejor”. Una señora Rapanui dijo una vez que era imposible que cocinar en el piso en un lugar donde sólo crecían arbustos fuera mejor que tener una habitación donde hubiese una cocina con encendido eléctrico. ¿Cómo refutar eso? Pero una cosa no quita a la otra; la gente se mata por dos pesos; se enloquece por ganar cada vez más dinero — el cual muchas veces ni puede gastar porque se muere de un infarto gracias al estrés ocasionado por tanto trabajar —; vive con miedo a que los terroristas detonen una bomba o el cambio climático genere un tsunami asesino; y tantos otros hechos que hacen que a pesar de las ventajas que ofrece el mundo actual, me dé vergüenza traer a alguien a vivir aquí sin la posibilidad de preguntarle antes si quiere venir.

☝Soy un egoísta — No estoy dispuesto a dejar determinados proyectos por tener un hijo. Reconozco mi egoísmo en esa decisión, pero estoy orgulloso de eso, de reconocerlo. Creo que tener un hijo es el proyecto más largo que una persona puede intentar — uno se va a morir siendo padre o madre — y probablemente sea el más importante — o debiera serlo. No quiero ser un padre de esos que veo por ahí quejándose de todo lo que tuvo que dejar por “culpa” de sus hijos, o peor que eso, uno de esos que tienen un hijo y creen que pueden seguir con sus vidas como si nada hubiera pasado, total, los pibes se crían solos.

☝Tengo sobrinos y alumnos — Adoro a mis sobrinos, juego con ellos, los mimo, los quiero, me río, los contengo, los consuelo, intento educarlos y ser un buen tío; pero en determinado momento se van con sus padres y yo vuelvo a mi vida. Me divierto con mis alumnos, me transformo en un niño más cuando juego con ellos, también intento educarlos y darles lo mejor de lo poco que tengo; pero en determinado momento, se acaba la clase, ellos se van con su maestra y yo sigo con lo mío. ¿Si esto siempre me alcanzará? No lo sé, pero hace tiempo que dejé de hacer “futurología”, intento vivir y disfrutar de eso.

☝Existen los asilos y las empresas de acompañantes — El argumento de “¿Quién te va a cuidar cuando seas viejo?” siempre me ha parecido el más vil y narcisista de todos. Y no son pocas las veces que lo he oído. Intento estar con mi madre cada vez que lo necesita — por cierto, casi nunca ocurre que me necesite — y lo hago con gusto, pero sé que esa no fue la razón por la que me trajo, es sólo una consecuencia de ese hecho. Que esa sea una razón para tener un hijo, me parece lamentable y poco inteligente, pagar un servicio de acompañantes sale mucho más barato.

Estas son sólo algunas de mis razones, tal vez las más significativas. ¿Si son suficientes? ¿Si podría esgrimir más? Tal vez sí, pero a mi forma de verlo, estas cinco son más que suficientes.

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